Realizada en Junio de 2007
Todavía no cumple 30 años y ya cuenta con una envidiable carrera como ilustrador y dibujante de cómic. Con una serie de trabajos realizados para el mercado norteamericano y chileno, este joven Diseñador Gráfico oriundo de Chillán (al sur de Chile) le atribuye un gran porcentaje de su carrera al esfuerzo, la capacidad de aprender todos los días, y claro… un poco de suerte nunca está de más.
Como suelen empezar este tipo de historias, Sergio Quijada supo desde muy niño que su vocación iba por el lado del dibujo. O mejor dicho, de la imagen en general. Motivado por esta atracción finalmente se graduó como Diseñador Gráfico en la Universidad del Bío Bío, en la X región de Chile.
Dueño de un estilo particular, con líneas simpatizantes con el cartoon, actualmente Quijada trabaja como freelance desde su departamento ubicado en la urbana Comuna de Providencia (Santiago). Al momento de realizarse esta entrevista –fines de mayo de 2007– acababa de terminar un trabajo que lo tuvo sin dormir varios días. Un cómic de 100 páginas para la editorial norteamericana independiente Viper Comics, un trabajo que le puede reportar logros a nivel autoral –al integrarlo de forma más masiva al mercado del cómic de Estados Unidos– y por supuesto monetario, ya que la empresa le pagará a través de un porcentaje de las ventas.
A esto se suma una serie de encargos realizados para otras empresas norteamericanas, principalmente enfocados al diseño de personajes y la creación de muestras de cinco o seis páginas de un cómic, creadas para presentar el proyecto a las editoriales. Además de una portada de libro que está pintando, cartas para el juego de cartas coleccionables de Salo S.A Mitos y Leyendas, y una serie de guiones que siempre están llegando.
Cierto día, mientras estaba en Enseñanza Básica, Sergio Quijada se detuvo a observar los dibujos que el resto de sus compañeros estaban entregando en el curso de Artes Plásticas. Y se dio cuanta de que, guardando las proporciones de la edad y la época, los suyos eran mejores. Aunque, según afirma, nunca vio su capacidad para el dibujo como un "superpoder", sino como algo que simplemente estaba ahí. "Cuando tomé un poco más de conciencia fue alrededor de los 12 ó 13 años", recuerda. "Me metí en un Taller de Arte y me di cuenta de que si practicaba y me dedicaba más a esto, podía mejorar y darle futuro a lo que estaba haciendo, no tomarlo sólo como un hobby".
– Cuando llegó la hora de elegir qué estudiar, estabas claro que te gustaba dibujar, ¿pero no te dio un poco de miedo elegir esa opción?
– En realidad yo quería estudiar Licenciatura en Arte, pero me pasaban dos cosas. Una, no había mucha plata para irme a estudiar a otra ciudad cuando estaba en Chillán, y segunda que empecé a averiguar y tampoco le veía mucho futuro a eso. Por eso entré a Diseño Gráfico, para aprender otras herramientas que me podían servir, y seguir optimizando lo del dibujo y aprender otras cosas que nunca me desagradaron, como trabajar en afiches o publicidad. No me arrepiento para nada, de hecho me hizo bien para manejar distintos conceptos, y me dio una base en cuanto al manejo de color, estética, diagramación de las ilustraciones...
– ¿Cuándo decidiste ir a vivir a Santiago?
– A fines de 2004. Siempre estuvo la idea de venirme a Santiago, y en un momento un productor me contactó a través de un amigo, para hacer las animaciones para un gran comercial de Codelco camuflado en una animación para niños relacionado con la minería. Él me comentaba que ojala estuviera en Santiago, entonces empezamos a conversar del pago y pude lograrlo. Sin saber qué iba a pasar a futuro, pero teniendo al menos seis meses seguros con ese trabajo. Y me vine.
– ¿Cómo Diseñador Gráfico, cuando viajaste a Santiago tenías pensado ganarte la vida como ilustrador?
– Igual en Chillán estuve haciendo cosas, pero para el extranjero generalmente. Diseños de personajes y cosas así, todo a través de Internet. Pero venirme a Santiago me beneficio en el sentido del contacto con más ilustradores, con los que pude mejorar mis trabajos. Cuando llegué, sobre todo mi coloreado, era muy malo comparado con lo que hago ahora. Además, estando en Santiago ya no me podía tomar tan a la ligera el hecho de si quería o no dibujar, porque llegaba el fin de mes con las cuentas y había que pagar. Así que opté por hacerlo bien para que me recomendaran, me llamaran de otras partes, agencias… era la única forma de poder quedarme acá, tomándomelo en serio. Influencias variopintas
– ¿A futuro hacia dónde quieres perfilar tu carrera?
– Siento que he tenido una mejora en Mitos y Leyendas, y he descubierto que me gusta harto la ilustración. Obviamente mi idea es tratar de llegar a un público masivo, en Estado Unidos por ejemplo, ojala llegar a publicar algo muy bueno allá y seguir mejorando en ilustración, para poder seguir desarrollando portadas y cosas así.
– Y con respecto a tus influencias… en general, no sólo dibujos ni Bruce Timm
– Empecé haciendo mis monos inspirados en la estética un poco manga de Robotech. Después encontré La Cruzada del Murciélago y empecé a dibujar con ese estilo, luego encontré a Humberto Ramos y empecé a hacer trabajos más amerimanga raros, hasta que llegué al estilo más cartoonesco que hago ahora. Además tengo una gran influencia artística, todavía me gusta mucho el Art Noveau y el trabajo que hacen los ilustradores coreanos, un estilo bien particular, medio Capcom. Lo que más me alaban los norteamericanos es que tengo una galería con monos que van desde lo cartoonesco hasta lo más realista, y eso para ellos es súper importante. Hacer un estilo y luego cambiarlo para otro, con eso no necesitas contactar a otro ilustrador.
–¿Qué crees que es lo que distingue a un buen ilustrador, alguien que puede vivir de eso, de una persona que no lo logra?
– Lo primero es creerse el cuento, proponérselo. Tampoco estoy diciendo que hay que ser soberbio, pero sí es bueno saber más o menos con lo que uno cuenta, y detectar qué te falta para mejorar. Fue lo que yo traté de hacer, porque sabía que tenía problemas de color y a veces para construir figuras, entonces me puse a practicar y en dos años más o menos he dominado más ese asunto. Viendo a gente que lo maneja mejor, preguntando, averiguando sobre técnicas… y siendo humilde. No hay por qué ser soberbio porque a veces uno se topa con gente que cree que se las sabe todas y se quedan ahí, estancados. Lo otro es tratar de llegar a un nivel medio para arriba. Tienes que los matar en la primera impresión, sino no te van a llamar, el cliente tiene que ver tu galería y quedar con la sensación de que realmente te manejas. Tu mejor carta de presentación es tener una galería bonita, con harta pega, con trabajos buenos, y con eso no tienes necesidad de mayor presentación, basta con enviar el link de tu galería y listo.